
Es ostensible que se perdió el cómodo apoyo donde la pequeña burguesía y la aristocracia obrera construyeron un pequeño mundo mental ofuscando sus nacientes relaciones de producción neocapitalistas, refiriendo “como diría Lacan, no es lo mismo desear algo que de verdad quererlo. […] aquella juventud deseaba la revolución, y fantaseaba con ella, pero lo que quería realmente era la sociedad de consumo y el capitalismo avanzado” (Méndez, 2017).
El residente sosegado empapado del centralismo hegemónico nacional, solía mirar afuera y ver a su vecino aciago, ahora ve a través de su ventana solo obscuridad, las calamidades naturales más violentas, las insurrecciones más permanentes. Cada estado de revuelta incondicional en todas y cada una de sus formas desmiente la complacencia hipócrita de quiénes se esconden tras sus puertas, temen a la gente en las calles y hasta a sus hijos, temerosos de todo lo que se interponga en su estupidez, temerosos sobre todo de cualquier vestigio de ser humano que se esconde en ellos. Pero, algo que nos dejó claro el último estado de revuelta (2018) fue la inconsistencia en sus propias acciones así como, su limitada consciencia, temerosa e insegura del por qué y hacia donde se dirigía. Los motivos e inspiraciones del actual proto-movimiento no puede entenderse sin una revalorización de los valores revolucionarios así como una reevaluación de las experiencias revolucionarias, transformadas en tradicionalismo nostálgico por el gobierno de reconciliación y unidad nacional ©, en este punto toma un gran valor la labor de investigación y reinterpretación, en todos los niveles, de todas las luchas pasadas en su propia variedad, aunque esto último genere hastío y desavenencia entre los penosos “radicales” que únicamente recurren a la historia para justificarse a sí mismos y sus acciones, con los textos que han monopolizado y vuelto como una entidad sagrada, pero que aun así, demuestran únicamente debilidad y ceguera, selectiva o no, al enfrentar la realidad que hoy nos aqueja. No hace falta hacer alusión al merecido rechazo, absolutamente, entre quienes se soterran en el pasado, o tratan de forzarlo distorsionado el futuro y la naturaleza del presente, claros reaccionarios en todas sus tradicionales variedades.
Creemos en lo que una vez dijo (Breton) “la rebelión encuentra en sí misma su propia justificación […] es la chispa en el viento, pero es chispa que busca el barril de pólvora”. Por lo tanto, a un nivel tangible de la revuelta, no necesitamos antepasados como panegíricos solo porque ciertos actos fueron capaces de cometerlos, aunque no será menos cierto que son necesarios para redefinir palabras del pasado que aun tengan significado para nosotros hoy, esto remotamente del significado que le da la ideología dominante, fragmentada entre perspectivas liberoconservadoras y social-cretinistas, convergiendo en que proporcionan no más que una representación difusa, sectarista, con falta de humor, elitismo y miopía de esta genealogía radical.
El movimiento revolucionario que, aunque actualmente esté en una tácita [re]construcción, por no decir que aún no se ha materializado, también tendrá que visualizar su historia desde cero. En particular, creemos que ahora es necesario dar una consideración especial a aquellos revolucionarios del pasado que fueron ignorados de manera más consistente por la política oportunista y la izquierda hegemónica; pero también es fundamental que no busquemos de ellos revelaciones exclusivamente políticas, económicas o incluso sociológicas, sin menospreciar u objetar la actividad no-política siendo esta cada vez más cercana a las tareas revolucionarias a diferencia del parasitismo académico y su alejamiento voluntario de lo subversivo.
«Todo esfuerzo del hombre por realizar sus sueños en total libertad es revolucionario» pero la política, en sí misma, por revolucionaria que sea, sigue siendo una verdad parcial, solo nos queda afirmar sin vacilar nuestra poco encantadora y desesperante lucidez mágica que arde ante nuestros ojos y unos pocos hermanos del alma solitarios de los que todavía podemos hablar en conexión con la libertad. El pútrido academicismo y estructuras periodísticos pueden intentar oscurecerlos con falsas elucidaciones, o ignorar su trabajo a través de la innoble conspiración del silencio, pero nada nos impedirá verter en los crisoles de la revolución este numen insurrecto, porque la revuelta irrumpe en todas partes […] se enciende, se apaga; y vuelve a propagarse. La topografía esboza un escenario donde la confrontación se convierte en contraste, disentimiento, lucha abierta.
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Breton, A. (1924). «Manifestes du surréalisme.
Cesare, D. D. (2020). Il tempo della rivolta.
Méndez, G. L. (2017). Culpables por la literatura: imaginación política y contracultura en la transición española (1968-1986).
Montalbán, V. (1998). La literatura en la construcción de la ciudad democrática.